Afrontar la condición resulta mejor que la adaptación pasiva a la naturaleza de la enfermedad. (Para Spectrum Health Beat)

Durante los últimos días en verano del 2018, la enfermera Joanna Rodriguez derivó si acaso a dos pacientes a la atención médica primaria debido a la hiperglicemia (exceso de azúcar o glucosa en la sangre).

Cabe señalar que los servicios que Programa Puente ofrece son de carácter preventivo. La meta de los equipos clínicos conformados por enfermeras y promotoras de salud, es ayudar a sus participantes a reducir su riesgo a padecer diabetes. Una vez que se confirma éste diagnóstico, las personas con esa condición deben decir adiós al Programa Puente y acudir a otras instancias para recibir los servicios adecuados. La apuesta es evitar complicaciones que puedan a futuro dañar ojos, cerebro, corazón y riñones.

En la actualidad, 249 participantes de poco más de mil que se atienden al año arrojan un resultado de exceso glucémico, muchos con prediabetes, muy pocos con diabetes. Por ejemplo, el pasado mes de septiembre, de las dos personas con resultados anormales, a solo una se le confirmó el diagnóstico.

Quienes han pasado por este camino coinciden en que es una noticia difícil de digerir. Ansiedad, miedo, estrés, frustración y en algunos casos hasta la depresión, forman parte del duro proceso de aceptación que indudablemente pasa por la negación, donde la idea del ser o tener se resume en una pregunta.

¿Soy diabética o tengo diabetes?

Tardé en escribir este testimonio a sugerencia de mi estimada Maria Andrea porque aún estoy debatiendo a voz interior las dimensiones de esa pregunta. Yo soy el azaroso a quien diagnosticaron con diabetes tipo 2 el verano pasado y resulta difícil adoptar una identidad que allana mi vida, dictando lo que estoy obligado a hacer, así como lo que tengo estrictamente prohibido.

Resulta irónico que, con toda la información bajo mi nariz me hayan confirmado que tengo diabetes. Al principio me invadió un profundo sentimiento de culpa. ¿Por qué yo si no soy mórbidamente obeso? Mi alimentación hasta entonces ha sido relativamente sana, mi actividad física moderada, y me gusta meditar ocasionalmente. ¿Será que pude haber evitado esto con una rutina de ejercicios diaria e intensa, una mejor alimentación, y más meditación? Me preguntaba.

No lo sé. Lo que me queda claro es que esta condición no se apoderará de mí. Que a nada abonan los «hubiera» ni el sentimiento de culpa que, admito, en ocasiones nubla mi pensamiento. Y en cambio sí debo afrontar con consciencia una nueva realidad que representa, en el mejor de los casos, una oportunidad para aprender a manejar la condición de primera mano y después apoyar a quienes lo deseen desde mi trinchera. Por esta razón hago un recuento de los últimos meses.

 El número mágico

La hemoglobina glucosilada (Hb A1c) es el valor de la fracción de hemoglobina (glóbulos rojos) que tiene glucosa adherida. Luego de que los alimentos son digeridos, el nivel de glucosa libre que circula en el torrente sanguíneo, se eleva, al estar circulando libremente. El cálculo de la hemoglobina glucosilada es un indicador del control de la diabetes. Entre más elevado sea el resultado del Hb A1c, éste indica un mayor nivel de glucosa en la sangre, en las personas con diabetes puede ocasionar complicaciones en el organismo.

Cuando la enfermera me realizó la prueba, mi lectura fue de 8.7%. De acuerdo con la indicación de la Asociación Americana de Diabetes, una lectura mayor a 6.5% podría significar que ya se tiene diabetes. Para esto, el diagnostico tiene que ser confirmado por un profesional en el ámbito de la atención primaria. Semanas después, mi doctora avaló lo que tanto temía.

No lo podía creer. Pasé días sin dormir, otros tantos, no comía o esperaba hasta que el cuerpo demandara alimento y me hartaba con lo primero que estuviese a mi alcance—pizza, pan, tortilla, arroz. Nunca he sido dulcero y hasta el día en que hablé con mi doctora, no sentía ningún síntoma. Luego de rumiar sobre el resultado, con problemas congénitos en los ojos y además recién casado, me di a la tarea de repasar todos los materiales relacionados con la diabetes que han pasado por mis manos a lo largo de muchos años trabajando aquí. El primer mes no fue fácil.

En otoño se mira al cielo

Una fría mañana de octubre, salí a correr para ahuyentar la ansiedad que me provocaban las insistentes llamadas del consultorio médico en el que me atienen. Los majestuosos tonos en los árboles y el rocío me hicieron sentir más vivo que nunca, fue entonces que decidí comenzar a pincharme y controlar mi glucosa de 178 mg/dl  era alarmante. Estaba en ayunas y había corrido casi seis millas. Tomé el teléfono y marqué el número que registraba ya más de seis llamadas perdidas. Entendí que no entendía que tengo diabetes, que empezaba otro ciclo en mi vida, y que había que hacer ajustes.

Verduras, muy pocos carbohidratos y correr tres veces a la semana, complementaron la nueva visión. Seguí las indicaciones médicas e integré a mis instrumentos diarios un glucómetro. El constante hormigueo en manos y pies fue reduciendo, la resequedad en mi piel y también mis 192 libras de peso (aproximadamente 87 kilos).

…vivir, cantar, vivir, cantar…No tengo prisa de morir. De niño me asombraba el esplendor de la primavera y gustaba de abrazar uno que otro árbol por mi paso cuando iba rumbo a la escuela. La verdezca vereda de alcanfores era promesa del porvenir. Hoy el futuro depende de la calidad de vida que se desea y pueda alcanzarse.

Después del cambio sigue la esperanza

Sabemos que la esperanza muere al último, pero hay que actuar primero si se desea un cambio. La enfermera de su equipo clínico podría recomendarle que asista a la clase para combatir su prediabetes. No lo eche en saco roto. Cambie los factores que está en posibilidad de modificar. Conozca sus números y dése a la tarea de entender qué significan.

La última semana de enero fui a mi examen médico anual. Mi número mágico fue de 5.7%. Todos mis valores clínicos están dentro  de los rangos deseados, gracias a los cambios que implemente a mediados de octubre. ¡Ya bajé diez libras de peso!

Mi próxima apuesta es alcanzar un número mágico menor a 5% para prescindir del medicamento y alejarme en tanto sea posible del día en que tenga que inyectarme insulina. Claro está, todo bajo estricta supervisión médica.

Ahora, las salidas a correr, la meditación, y mi alimentación son tan importantes como mis medicinas. Mi doctora está convencida de que puedo revertir mi diabetes y vivir una larga vida si sigo por el camino que voy.

«Sigue cantando esa tonada» me dijo.

Así lo haré, tal vez en tres o cuatro meses mi canción será distinta y pueda incluso titular esa nota ¡Hola, hola Core Health!

Source : Spectrum Health Beat

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